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Las entrañas de Gea



Gea, la Madre Tierra, en la mitología griega es la madre cósmica universal, representa la tierra como principio creador y fuente de vida. No solo tiene un sentido religioso, también filosófico y cultural. Pertenece al grupo de divinidades primordiales, seres que surgieron al inicio del cosmos, tras el caos primigenio, representa la materia sólida, el suelo fértil, el mundo físico, eterna, autosuficiente y generadora de vida.


       En las entrañas de Gea anidan los volcanes, los ríos, la vegetación, los océanos y todos los recursos naturales que nos permiten la vida y el desarrollo de la civilización. Estos recursos naturales han sido a lo largo de la historia una fuente de conflictos recurrente, debido a su valor estratégico, económico y político. El control de las tierras fértiles, los minerales, el agua o las fuentes de energía, han generado eternas disputas al igual que ahora en la actualidad.


     En las primeras civilizaciones, el acceso a recursos esenciales condujo a la expansión y a la guerra en Mesopotamia y Egipto por el control del agua de los ríos Tigris, Éufrates y Nilo, claves para el desarrollo de la agricultura en sociedades eminentemente agrícolas. Otros conflictos se generaron por el control de las rutas fluviales, por los metales y recursos minerales para la fabricación de armas y herramientas, así como objetos de prestigio con los que alardear de poder. El estaño y el cobre, necesarios para producir el bronce provocaron no pocos choques; imperios como los hititas, lucharon por controlar regiones ricas en metales en Anatolia; las expediciones militares de época micénica estaban dirigidas a encontrar el acceso a minas y rutas comerciales de minerales, maderas y alimentos. Atenas y Esparta se enzarzaron en guerras continuas por el dominio de las rutas marítimas y los recursos del mar Egeo. Los grandes imperios y el imperio romano en particular, se expandieron y conquistaron territorios en busca de cereales, metales y esclavos, su fin no era solo político, más bien, económico y logístico.


           En los siglos XV al XIX la búsqueda de oro, plata, especias, caucho y azúcar, impulsaron las conquistas en América, África y Asia. En regiones como el actual Congo, la extracción de minerales provoco violencia y trabajos forzados, mientras las disputas generadas por el comercio del opio dieron lugar a conflictos armados entre algunas potencias europeas y China, alterando el equilibrio global. En los últimos siglos, ha sido el petróleo el detonante de graves conflictos, con tensiones y guerras en el Medio Oriente; las guerras civiles en Sierra Leona y Angola han estado ligadas al control de los diamantes, y ahora en el siglo actual, los llamados recursos de conflicto representados por el agua, el litio y las tierras raras, se perfilan como las nuevas fuentes naturales causantes de tensiones entre naciones. Recursos naturales que no solo generan riqueza, sino también desigualdades, rivalidades, hambrunas y guerras.


         Las tierras raras son un conjunto de elementos químicos: neodimio, lantano, disprosio, praseodimio, cerio, terbio, itrio, europio, entre otros, hasta diecisiete elementos, que son claves en el siglo XXI, ya que, se han convertido en recursos estratégicos esenciales por su importancia en las nuevas tecnologías: móviles, pantallas, discos duros, radares, misiles guiados por sofisticados sistemas de comunicación, imanes, tecnología militar, aviación, catalizadores y baterías, lentes ópticas, luces led, superconductores y tecnología médico científica.


      Su extracción y procesamiento se hace por procedimientos complejos y costosos, que a su vez generan problemas medioambientales, pero su control otorga un inmenso poder económico, tecnológico y geopolítico. El impacto causado en el medio ambiente genera no pocos dilemas éticos, derivados de los residuos tóxicos que afectan a los suelos y al agua, con riesgo sobre las comunidades locales, lo que explica que muchos países industrializados occidentales externalicen su producción a otros países menos restrictivos.


      Las tierras raras están redefiniendo el mapa geopolítico y las relaciones de poder, quien controle su cadena de suministro, influirá en la industria estratégica de nuestro mundo futuro. Son mucho más que un conjunto de minerales, condicionan la energía, la defensa y la competitividad. 


        La historia ha demostrado sobradamente que los recursos estratégicos pueden llevar a desafíos y conflictos, propiciando la lucha por estos, la fuerte rivalidad global del mundo que vivimos.


       Gea, sigue abriéndose ante el mundo con su fuente de recursos, pero la diosa Tierra aboga por el orden natural, es madre y sustento de la vida, propugna el respeto al equilibrio natural, es más que una diosa mitológica, representa la existencia de un mundo que debe estar en equilibrio, su esencia no es la guerra, ni un dominio feroz de los recursos que atesora en sus entrañas, sino la relación profunda entre el ser humano y la propia tierra.


      Hoy el reto es conseguir un equilibrio entre los cambios climáticos, las energías no contaminantes, la protección del medio ambiente y la seguridad para todos, de forma que estos materiales tan necesarios, no se conviertan en herramientas de presión ante la gran dependencia que el mundo tiene de ellas.

 




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