top of page

Cuestión de fe


Últimamente se nota un cierto retorno a la religiosidad, un auge de los eventos de carácter religioso que hace pensar en una vuelta a la fe. Este es un fenómeno que se da periódicamente en las distintas sociedades a lo largo de los siglos, pasando por periodos de claro fervor y dominio de lo religioso, alternando con otros de laicismo más o menos intenso y de censura de las creencias religiosas, como algo fuera de nuestro mundo y anacrónico.


El hombre forjó a través de la mitología antigua todo un corpus de carácter religioso pagano, que le sirvió para intentar comprender los fenómenos naturales que le rodeaban, a los que no encontraba explicación. En el mundo clásico, los relatos mitológicos consiguieron aunar lo natural, lo divino y lo humano en una sola cosa y articular su panteón de dioses y rituales de culto. Bajo este patrón, todas las sociedades se han ido desarrollando en torno a distintos tipos de creencias y cultos.

El mismo hombre que miró al cielo en la antigüedad y se asombró de su inmensidad e impenetrabilidad, se asombra hoy a bordo de una cápsula espacial y se hace preguntas. El deseo de conocer que hay más allá de nuestros límites, lo ha llevado en el mundo antiguo a consultar famosos oráculos y explorar todos los caminos, movido por su deseo natural de trascender, conocer que le deparará el futuro, si existen otros lugares, que hay tras la muerte y hasta dónde alcanza nuestro universo, en un deseo irrefrenable por saber cuál es esa fuerza creadora primigenia y eterna a la vez.

En el tiempo de la IA se sabe todo, o al menos lo parece, se consulta incluso lo más íntimo, se le piden consejos, como a un oráculo antiguo y se confía más en la IA que en profesionales especializados, llevándonos a una dependencia total del mundo de los algoritmos. El hombre ha sido capaz de crear algo tan excelente como peligroso, tan extraordinario en la facilidad de acceder al conocimiento, como nocivo, un elemento capaz de dirigirnos según convenga y de quitarnos la libertad de criterio y de elección. Es posible que sea la voluntad de un dios o dioses de alta tecnología, en el que todos estamos condenados a creer.

Ahora surgen movimientos que poco a poco, ponen en valor de nuevo las creencias que nos trasmitieron nuestros padres. Jóvenes que se declaran creyentes y sobre todo practicantes, que comienzan a rechazar un mundo que les aporta aparentemente todo, pero sin terminar de llenar sus vidas, abocándolos a la búsqueda de algo más auténtico y verdadero que satisfacer los deseos inmediatos a un golpe de clic. Recuperan principios morales que creíamos superados, algunos se plantean seguir una vida consagrada y defienden la libertad de poder elegir y creer. Vemos a diario eventos de jóvenes de carácter religioso, artistas, cantantes e influencers que utilizan simbología religiosa en sus performances y atuendos, convirtiéndose en iconos de masas luciendo una nueva estética impregnada de un baño de religiosidad. Por otra parte, no son pocos los grupos que ponen de nuevo en valor a los antiguos dioses paganos de diversas culturas, viajando a los lugares donde se realizaban y se recrean ahora los viejos rituales viviendo experiencias de gran fuerza espiritual. Desde los ancestrales oráculos griegos, los misterios de Eleusis, el cristianismo primigenio que aún se palpa en el culto ortodoxo, su éxito y expansión por el mundo merced a la visión de Pablo de Tarso, pasando por la búsqueda del hombre como elemento central que aportó el Renacimiento o las posteriores revoluciones y cambios más cercanos, el hombre vuelve una y otra vez a plantearse las mismas preguntas e intenta de un modo u otro obtener respuestas: ¿Quién es? ¿Dónde va? ¿Qué hay más allá? ¿Dónde acaba el universo? ¿Hay vida más allá de la muerte? ¿Cuándo será el fin de este mundo que conocemos? Preguntas siempre eternas.


Comenzamos a percibir un cierto rechazo a un mundo globalizado en el que somos espectadores de los acontecimientos, la mayoría de las veces con nula influencia sobre lo que sucede, o lo que nos dicen que sucederá. Hay una incipiente animadversión a dejarse llevar por la fiebre consumista, la inmediatez y el culto a la apariencia, que no nos deja ver más allá de nuestras pantallas, porque empezamos a ser conscientes de que anula el criterio y la voluntad. En nuestro mundo se huye de los compromisos y asistimos a un proceso educacional privado de humanismo, que produce unos individuos excelentes en su especialidad, pero posiblemente vacíos al mismo tiempo, porque el exceso de información viene a sustituir la sabiduría por un torbellino de emociones efímeras. Vemos una humanidad apresurada y cansada, que duda de su futuro al menospreciar los valores humanísticos. Tal vez por eso, vivimos un momento de transformación cultural y espiritual.



Un nuevo neopaganismo instaura nuevos dioses paganos, con adeptos que buscan un cauce espiritual de formas modernas. Al mismo tiempo, muchos jóvenes cristianos se lanzan a proclamar la fe en Cristo, sin complejos ni avergonzarse por ello. Ambas tendencias demuestran que se trata de una cuestión de fe, de la búsqueda eterna e incansable de la verdad, que es en realidad lo que cambia nuestro mundo.

 
 
 

Comentarios


bottom of page