La manzana de Media (Propietats farmacològiques i cosmètiques de la taronja)
- Maria Asuncion Vicente Valls
- hace 5 días
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Cuando Alejandro Magno realizó su expedición de conquista llevó consigo sabios de todas las materias conocidas. Su intención era recabar toda la información posible de los lugares por los que pasaban sus ejércitos, registrar su geografía, sus recursos naturales, sus pobladores, pero también su flora y fauna, todo aquello que le permitiera conocer ese nuevo mundo que descubría paso a paso. Le interesaban los cultivos desconocidos y la posibilidad de llevarlos a su Macedonia natal y así de la mano de sus botánicos y recolectores de plantas inició su camino el cidro, un fruto que Teofrasto de Ereso, padre de la Botánica, denominó en su libro Árboles y Plantas de Asia con el nombre de “manzana de Media”.
De este fruto, que solo servía para aromatizar estancias palaciegas y vestimentas, hasta nuestras naranjas y cítricos actuales ha pasado mucho tiempo, un viaje que han tenido que hacer estas especies hasta conseguir la aclimatación y producción actual en amplias zonas del mundo.
La mandarina de China, el pomelo de Malasia y la cidra de las laderas del Himalaya, tuvieron que viajar con las rutas caravaneras, en las alforjas de la famosa Ruta de la Seda que, a través del Punjab, Afganistán, Irak e Irán, los fueron acercando a nuestro entorno, instalándose en Sicilia, sur de Italia y España, formando parte de los jardines de las poblaciones árabes que se expandieron por el oeste de Europa. Entraron por el mediterráneo durante la edad media tímidamente, siendo el limón y la naranja amarga los primeros en popularizarse y cultivarse en los huertos y jardines de monasterios y palacios, comenzando a valorar en ellos su sabor y propiedades medicinales. Tras los viajes de exploración del siglo XV los cítricos llegaron a América de la mano de los navegantes y conquistadores. Se adaptaron bien al clima de las regiones tropicales y subtropicales y en la actualidad es un cultivo global que forma parte esencial de la alimentación.
Florencia es el lugar donde se puede rastrear su evolución siglos atrás. La relación que establecieron los Medici con los cítricos es un ejemplo de cómo estos frutos fueron símbolo de poder, ciencia y prestigio durante el renacimiento y el barroco.
La familia Medici fue durante los siglos XV al XVII la gran familia impulsora del arte, la ciencia y también de la botánica. Los cítricos eran entonces raros y exóticos, pasando a ser objetos de colección y estudio botánico. Convertidos en símbolo de estatus social, para los Medici poseer variedades raras de naranjos, limones y cidras era una demostración de poder y riqueza como también de refinamiento cultural, dado que su cultivo era muy costoso y delicado. Precisaban además de un conocimiento científico para poder aclimatarlos y mejorar las especies. Se cultivaban en maceteros de terracota y los protegían en edificios especiales llamados “limonaie” auténticos invernaderos de la época.
En jardines como el Giardino di Boboli en el Palazzo Pitti de Florencia, los Medici reunieron una de las colecciones de cítricos más importantes de Europa y llegaron a conservar decenas de variedades, algunas muy raras procedentes de Asia y el mundo islámico. Esto influyó en el desarrollo de la horticultura y en la clasificación botánica de los citrus, además de promover el diseño de los jardines renacentistas y barrocos por toda Europa. Gracias a su impulso los cítricos dejaron de ser solo frutas, para convertirse en objetos científicos, decorativos y culturales. Su legado sigue vivo en los jardines florentinos, donde aún se conservan variedades descendientes de aquellas colecciones antiguas.
Nuestras naranjas, limones, pomelos y en general todos los cítricos tienen múltiples propiedades y aplicaciones. Entraron en los recetarios de cocina de la mano de Anna María Luisa de Medici que los fue incorporando a las cocinas ducales, ofreciéndolos en los banquetes esplendorosos de la corte medicea, de este modo una bebida similar al actual limoncello elaborada con cascaras de cidra, azúcar y canela, conocida como “agua de Chipre” hacia las delicias de los invitados en el Palazzo Pitti, siendo reconocida en las cortes europeas como símbolo del mayor refinamiento.
Bartolomeo Bimbi, artista italiano del Barroco tardío, pintó naturalezas muertas con cítricos para la casa Medici, con una precisión extrema y un nivel de detalle excepcional, en las texturas, maduración e imperfecciones y muchas de sus obras figuran como catálogos visuales de especies cultivadas por su rigor científico. Sus cuadros nos presentan variedades raras y desaparecidas en la actualidad, lo que convierte estos lienzos en fuentes históricas muy valiosas.
Dentro del genero Citrus se agrupan la mayoría de los cítricos cultivados que conocemos: naranja dulce (Citrus sinensis), naranja amarga (Citrus aurantium), limón (Citrus limon), mandarina (Citrus reticulata), pomelo o toronja (Citrus paradisi), pummelo (Citrus máxima) y híbridos como la lima (Citrus aurantifolia) o la clementina (Citrus clementina). Su taxonomía es compleja y son muchos los botánicos que reconocen pocas especies antiguas, tan solo la máxima, médica y reticulata, de las cuales derivarían la gran mayoría de los cítricos actuales.
Son los cítricos, ingredientes clave por su capacidad de resaltar los sabores, equilibrar platos y aportar finura tanto en recetas dulces como saladas. Aportan acidez, equilibran grasas y sabores demasiado intensos, realzan los aromas y despiertan el paladar. Conservan y marinan alimentos, así como refrescan platos y bebidas. Hasta la ralladura de su piel, es capaz de aportar aromas intensos sin comunicar su acidez.
Los recetarios de cocina recomiendan usar limón o pomelo para pescados y mariscos, naranja y mandarina para las carnes y aves. También los arroces, la pasta y las verduras se aromatizan con toques cítricos, sin olvidar su presencia en salsas, escabeches, ceviches, dulces, repostería, frutas confitadas y cáscaras de cítricos caramelizadas. La cocina asiática incorpora en muchos de sus platos la hoja de Kaffir por su aroma intenso y el azahar o el neroli se usan en la repostería tradicional de origen árabe. La cocina moderna los incorpora al completo por su versatilidad y aromas, siendo indispensables en nuestras cocinas.
La flor de la cidra y del naranjo comenzó a usarse para las aguas perfumadas, descubriendo que no solo la esencia de sus flores, sino también las hojas, incluso la cáscara de la naranja amarga macerada y destilada, atesoraban aceites esenciales con aromas sensuales y evocadores. De este modo, el aceite esencial de la naranja amarga pasó a impregnar los guantes y aguas de baño de las damas de alcurnia, que la popularizaron por todas las cortes europeas.
La bergamota, con un aroma mucho más intenso que el azahar, inspiro un perfume en 1708 creado por Giovanni María Farina, que se puso de moda en la alta sociedad, aromatizando las ropas de Mozart y Napoleón Bonaparte. Los perfumes con aroma cítrico son frescos, luminosos, estimulantes y claves en la perfumería moderna, aportan limpieza, frescura, vitalidad y ligereza, así como naturalidad, cada cual con un matiz diferente.
La bergamota es fresca, ligeramente amarga y elegante, el limón chispeante y limpio. La naranja dulce es cálida y alegre, la mandarina dulce y ligera, lo que la hace muy apreciada en los perfumes actuales, el pomelo resulta fresco y ácido con un toque amargo, la lima es verde, intensa, refrescante. El neroli y el azahar presentan notas más florales y sofisticadas.
Su uso en cosmética se extiende más allá de los perfumes. Se usan en fórmulas para la piel, el cabello y el cuerpo por sus amplias propiedades. Su alto contenido en vitamina C estimula la producción de colágeno, mejora la firmeza de la piel y aporta luminosidad. Su contenido en antioxidantes ayuda a combatir el envejecimiento prematuro, tienen acción astringente y purificante, tonificante y refrescante.
Cada cítrico tiene un uso en cosmética según sus principios activos, así el limón es iluminador, regulador del sebo y purificante. A la naranja dulce se le atribuye poder revitalizante y suavizante, mejorando el aspecto de la piel apagada. La mandarina es calmante y regeneradora, el pomelo detoxificante y refrescante, la bergamota equilibrante y aromática en tanto que el azahar y el neroli son calmantes.
Todas estas propiedades los llevan a integrar cremas y preparados antioxidantes, limpiadores faciales, exfoliantes y mascarillas, así como productos capilares, geles y aceites corporales, en una línea cosmética natural de origen vegetal, compatible con formulaciones ecológicas, eficaz, fresca y altamente sensorial.
En cuanto, a su uso terapéutico, se han utilizado en fitoterapia, nutrición terapéutica y aromaterapia, por su riqueza en vitamina C, flavonoides, aceites esenciales y otros principios activos. La naranja tiene una acción antiinflamatoria suave, digestiva y depurativa, refuerza el sistema inmunológico, previene resfriados, el cansancio y mejora el tránsito intestinal.
El limón tiene propiedades antisépticas y antibacterianas, estimula la función hepática y la digestión, alivia las náuseas y es un desintoxicante suave. La mandarina además de digestiva y antioxidante, calma la ansiedad suave o el insomnio, el pomelo es un potente antioxidante y estimulante metabólico, que favorece la salud cardiovascular y refuerza el sistema inmunitario, pero hay que usarlo con precaución por su interacción con medicamentos, como las estatinas, antihipertensivos, inmunosupresores y benzodiacepinas.
Los aceites esenciales de cítricos se usan en aromaterapia, al objeto de elevar el estado de ánimo y combatir el estrés, aplicados en forma de difusores o por medio de masajes terapéuticos.
Por lo general los cítricos se consideran coadyuvantes terapéuticos dentro de la nutrición clínica, pero en modo alguno sustituyen al tratamiento médico aplicado según patologías. Así pues, la naranja, el limón y la mandarina, se indican en refriados como prevención y apoyo, por su contenido en vitamina C y flavonoides. El pomelo y la naranja mejoran la dislipemia leve por contener pectina y hesperidina, se usa de forma preventiva advirtiendo de las interacciones del pomelo con determinados fármacos. En la dispepsia leve es adecuado el limón y la naranja, porque estimulan la secreción gástrica y mejoran la digestión, así como en el estreñimiento, por su contenido en pectina, siendo aconsejable consumir naranjas y mandarinas, además de una buena hidratación. En las dietas de sobrepeso se aconseja el pomelo, por su capacidad de modular los lípidos del organismo. En el envejecimiento se produce estrés oxidativo, que ayudan a combatir todos los cítricos por su acción antioxidante, contribuyendo en una dieta regular a su disminución. Los aceites esenciales de naranja y mandarina poseen un efecto ansiolítico suave y son usados en aromaterapia ambiental. Pero también los cítricos presentan contraindicaciones que hay que tener presentes, como en la gastritis severa, úlcera péptica o en pacientes polimedicados, especialmente el pomelo.
Este amplio abanico de especies que nos llegó de tierras lejanas nos aporta claros beneficios en prevención y nutrición, son útiles en terapias complementarias, aunque no sustituyen los tratamientos farmacológicos, están presentes en nuestra dieta, en la alta cocina, cosmética y alta perfumería, llenan de color nuestros mercados y campos, venidos de tan lejos, tan sencillos y ahora tan cercanos. Usar cítricos es vivir y cocinar con inteligencia, saber que su toque ácido puede convertirse en una experiencia única. Nos llenan de vitalidad y de una sensación de limpieza que conecta nuestra vida con la naturaleza.




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