Gestas que se olvidan
Acabamos de celebrar el 455 aniversario de la batalla de Lepanto y no dejo de preguntarme, ¿cómo es posible que no le otorguemos la relevancia que merece? Que no exista ningún titular en los medios que nos lo recuerde, cuando en Grecia se recuerda año tras año en Naupactos esta gran batalla naval en el mismo escenario donde tuvo lugar.
La que Cervantes definió como “la más grande ocasión que vieron los siglos” no suscita ningún interés, arrinconada y olvidada sin que tampoco merezca que la mayoría de nuestros jóvenes se interesen. Ahora cabría decir, que así nos luce y así obtenemos los escalofriantes resultados de los informes educativos que a muchos hacen enrojecer.
Pero no solo es Lepanto, son muchas más las gestas que quedan arrinconadas en un lugar polvoriento de nuestra historia, allí se instaura primero el olvido y luego lentamente su desaparición. Nunca he comprendido esa extraña actitud de no saber presumir de nuestra historia y de lo grandioso que hay en ella y que tan solo salga a relucir lo peor, los enfrentamientos entre nosotros y los horrores que, como en todos los países se han perpetrado a lo largo de su existencia. Porque ese siete de octubre de 1571 no solo tuvo lugar una batalla mítica: supuso un hecho bélico que cambio el orden del Mediterráneo e impidió el avance del imperio Otomano, configurándose una Europa con valores que han llegado hasta nosotros. Fue la batalla unas nuevas Termopilas, pues si bien la actitud de los griegos en el estrecho desfiladero fue crucial para cerrar el paso a los invasores persas y salvar la antigua cultura griega de la que somos herederos, Lepanto supuso el triunfo del occidente cristiano frente al poder otomano, impidiendo que el Mediterráneo se convirtiera en su patio de recreo y demostrando al mundo que su poder naval podía ser derrotado.
No solo Lepanto. Hay innumerables hechos en nuestra historia que no se han valorado, ni tampoco se ha querido presumir de ellos como demostración de la gran potencia que fuimos. La lista sería larga, pero a modo de ejemplo sirvan unos pocos.
Las Navas de Tolosa en 1212 supuso el escenario crucial de las conquistas cristianas y el momento en el que se dio un giro espectacular al equilibrio político de la península.
Pavia en 1525 el escenario donde hicimos prisionero, nada menos que a un rey francés y demostramos la eficacia de los arcabuceros, desbaratando a la temible caballería pesada, a la vez que se trasformaba la táctica militar europea del momento.
San Quintin en 1557 marcó el camino de nuestra hegemonía en Italia y confirmó el predominio europeo de la Monarquía Española.
Cartagena de Indias en 1741 nos brinda un hecho muy poco publicitado: el estrepitoso fracaso de una gran ofensiva británica, a manos de Blas de Lezo, héroe del que se podrían hacer una buena colección de películas o series televisivas que triunfarían clamorosamente.
Pensacola,1781 puso de manifiesto la contribución española a la independencia estadounidense.Bernardo de Gálvez rindió la posición británica, debilitándolos frente al enemigo.
Bailen 1808 es un enclave mítico, donde la capitulación de Dupont ante las fuerzas españolas frustró la campaña francesa en Andalucía y quedó demostrado que los ejércitos de Napoleón no eran invencibles.
En un contexto menos bélico, otras gestas tampoco son valoradas y no forman parte de la memoria común de nuestra ciudadanía. La aventura que supuso el Tornaviaje de Andrés de Urdaneta y sus compañeros en 1565 capaz de establecer una ruta de regreso desde Filipinas a Nueva España, aprovechando los vientos del Pacifico Norte sostuvo la conexión del Galeón de Manila entre Asia y América.
La captura de un convoy británico por Luis de Cordova en 1780, apresó nada menos que cincuenta y cinco buques británicos cerca del Cabo Santa María, asestando un golpe logístico y económico letal a los británicos en el curso de la independencia estadounidense.
La expedición Balmis, la llamada expedición de la vacuna en 1803 llevó la vacuna de la viruela a América y Asia, merced a niños con vacunaciones sucesivas, para de esta forma mantenerla activa durante el largo viaje.
La expedición de Malaspina entre 1789 y 1794 fue un viaje apasionante de exploración, cartografía e investigación en plena Ilustración española.
Isabel Barreto, surcó los Mares del Sur en 1595 y su expedición supuso un hito: la navegación bajo la autoridad de una mujer en pleno siglo XVI.
Ángel Sanz Briz, protegió a los judíos de Budapest en 1944 salvando a más de cinco mil doscientos de la persecución nazi. Y la larga lista continuaría,destacando victorias militares, capacidad de navegación, eficacia, espíritu investigador y científico, interés sanitario y muchas motivaciones más. Sin embargo, no recordamos, no valoramos y no enaltecemos nuestras gestas. Recordamos aquello que hicimos mal, lo que nos enfrenta y nos separa y lo sacamos a relucir una y otra vez, rejuveneciendo esa España cainita que debería avergonzarnos.
Envidio a los que con mucha menos historia de la que presumir, saben venderla bien y pasan por avanzados, no dejando en ningún momento de valorarse a sí mismos, enaltecer a sus héroes y enorgullecerse de su pasado.
No podemos fustigarnos solo con lo oscuro de nuestro pasado y persistir en una imagen negativa de nosotros mismos que arrastramos sin rebelarnos, creo que debe llegar el momento de conmemorar nuestras efemérides, grandes y pequeñas, para unirnos ante nuestra historia y a la vez entre nosotros.




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